lunes, 3 de octubre de 2011

Vuelta a la piscina

Con un pelín de retraso por ajetreos varios os cuento que las clases de natación de septiembre con Tanis han ido estupendamente J Ha sido un pequeño intensivo de final de verano tras el parón de agosto y antes del comienzo del curso anual en octubre, en el que hemos comprobado que Blastocito no ha perdido destrezas ni entusiasmo por el agua.
El monitor no era el de julio pero nos ha gustado mucho también, hemos hecho ejercicios diferentes y aprendido canciones nuevas, ¡¡y Tanis se ha reencontrado con su novia!! Muy grandes y guapos los dos, han hecho gala de lo espabilados que están ya, han jugado y se han tocado la carita el uno al otro, ¡qué tiernos! Valeria quedó impresionada cuando Blastocito soltó su “papá” clarísimamente (¡qué novio más listo se ha agenciao! Jajaja).
El último de los cuatro días de cursillo la que entró en la piscina fue ¡¡la tita!!^^ Nos hacía ilusión que ella fuese a hacer la clase alguna vez, y la verdad es que los dos se lo pasaron genial, mientras yo miraba encantada desde fuera. Tanis incluso buceó un trocito, ¡eso nunca lo había hecho conmigo!
Este viernes empezamos de nuevo, ¡qué ganas! Aquí os dejo una foto de Valeria, ¿a que es monísima? 



sábado, 1 de octubre de 2011

Papilla de verduras

Como comenté en el pasado post, el inicio de la papilla salada fue “durillo”, pero al pequeñín tan solo le llevó 4 días acostumbrarse al nuevo sabor. Os cuento aquí los trucos que utilicé, que no sé si servirán con bebés más cabezotas, pero que a nosotros nos funcionaron de maravilla.
El segundo día decidí poner en práctica un consejo que da el pediatra Carlos Gonzalez en este vídeo: http://www.bebesymas.com/alimentacion-para-bebes-y-ninos/carlos-gonzalez-habla-acerca-de-una-alimentacion-libre-de-papillas-en-el-tedx-de-valencia. Me pasó el enlace la tita (nuestra adorada tita, ¡¡qué haríamos sin ella!!) y decidí probar el método. Para los que no os apetezca ver la charla (que es muy interesante), la idea principal es no obligar a comer papillas al niño, simplemente dejar a su alcance trocitos de los alimentos adecuados a su edad cuando los adultos están a la mesa, permitiéndole decidir qué tomar y cuándo parar. Se complementa la comida con leche si hace falta.
Adapté la idea a nuestro estilo, preparé un gran plato de daditos muy pequeños de patata, zanahoria y judía, y me dispuse a comerlos con Tanis en el regazo. Fue una locura,¡ acabamos los dos perdidos! Blastocito pronto cogió confianza y cogía las verduras a puñados, se metía algunos trozos en la boca y el resto salían volando. Creo que le resultó vistosa la mezcla de colores y muy divertida la experiencia en general, nos reímos un montón, ¡y comió! Lo probó todo, y aprendimos que le gustaban más la patata y la zanahoria que la judía. Eso sí, no es algo que yo me atreva a integrar en la rutina diaria, ¡¡se monta un jaleo impresionante!! Jajaja sin embargo, siempre que estamos comiendo algo que el nene también puede tomar le damos un par de cachitos para que se acostumbre a masticar, ¡le encanta!
Al día siguiente solo puse una judía en la papilla, la cosa mejoró. No se la comió entera, ni mucho menos, pero se la comió a gusto (además eché el aceite después de triturar, no antes, y la textura quedó menos gomosa). Incrementé la cantidad de judías de media en media hasta que la proporción fue la misma que la de los otros ingredientes. El día antes de incorporar el pollo ya se comía todo el plato bien feliz, y ahora ¡le gusta casi más que la de fruta!
Os podéis imaginar el descanso que pegué ^^U. Eso sí, si algún día, por cansancio, calor o lo que sea, no se la quiere terminar, yo le doy medio bibe y tan frescos. Obligarle es una tortura para los dos, la leche se la toma, y cubre sus necesidades nutricionales hasta el año; para entonces segura de que ya comerá sólidos sin problemas y bien contento seguramente, si he de fiarme de las experiencias que estamos teniendo.
Si algún lector va a tener que introducir la alimentación complementaria a su bebé en breve, desde aquí recomendamos paciencia, humor y respeto por el ritmo y el tiempo que necesite el nene, que nunca debería asociar la comida con el llanto, los nervios o la frustración, sino con el placer y la salud, y eso debemos transmitirle desde el principio.